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TODOS DEFENDEMOS LA DEFENSA DEL MEDIO AMBIENTE, PERO SIN DEJAR A NADIA ATRÁS Y CON SENTIDO COMÚN

SÍ A LA DESCARBONIZACIÓN NO A LA PRECIPITACIÓN

Nadie se opone a la descarbonización del sector del automóvil como a la defensa del medio ambiente. No obstante, consideramos que el tránsito hacia esa descarbonización total se debe realizar de manera razonable y con sentido común.

No se puede, desde nuestro punto de vista, plantear metas inalcanzables sobre consecución de objetivos de descarbonización en apenas ocho años sin tener en cuenta la realidad económica y social.

El sector del automóvil es el primer interesado en potenciar la renovación del parque móvil, más en Canarias, donde el parque móvil es de los más viejos de España y con ello de Europa.

Pero los niveles de renta y la consiguiente capacidad económica de la población de las islas, el precio más alto de los vehículos alternativos, la crisis actual derivada de la pandemia como la falta de la necesaria generalización de las infraestructuras necesarias de recarga, hacen necesario repensar la estrategia diseñada para estas islas de modo que los plazos para ese cambio permitan acompasar la renovación.

No hacerlo así producirá un verdadero desengaño y frustración, cuando no un verdadero drama social. En este sentido, es necesario hacer entender a las administraciones públicas esta realidad.

Estos días hemos visto como algunos importantes ejecutivos del sector en Europa han comenzado a elevar la voz ante los planteamientos totalmente irreales que respecto a la descarbonización del sector plantea la Comisión Europea. Si las políticas europeas, con los plazos ya impuestos, son muy exigentes y duras, los planteamientos realizados por algunas regiones, como ocurre con Canarias, que pretenden adelantar aun más lo plazos de cambio, con prohibiciones generalizadas a los vehículos térmicos a menor plazo aun, ponen en entredicho los objetivos de una transición razonable y que no deje a nadie atrás.

Europa debe tener lo objetivos claros sobre descarbonización, cuestión a la que no se opone nadie en el sector, pero tales objetivos no pueden poner en tela de juicio a todo un sector industrial y de la distribución como el automóvil. En España este sector es el segundo en importancia por peso en el PIB, en torno al 10%. Nuestro país no debería prescindir de una industria puntera poniendo continuamente zancadillas a su desarrollo y adaptación, perder el tren de esta industria puntera podría tener un coste muy elevado y no solo en el empleo sino el propio desarrollo industrial futuro del país.