AUTOMÓVIL. ¿QUÉ PASA EN EUROPA?
“Nuestra industria ha tenido durante mucho tiempo una ventaja competitiva en toda la cadena de valor de los vehículos con motor de combustión interna. Este ya no será el caso de los vehículos eléctricos, al menos a corto plazo. Nuestros competidores tienen muchas cartas en sus manos que nosotros aún no tenemos, es decir, aguas arriba en la cadena de suministro de vehículos eléctricos de batería. Además de eso, su apoyo por parte de las autoridades nacionales y locales ha sido enorme y sigue aumentando en China y Estados Unidos”.
Luca de Meo. Presidente de ACEA.
Resulta desolador ver la evolución del sector del automóvil en Europa. ¿Cómo es posible que un sector que representa en torno al 10% del PIB europeo se encuentre en una situación de tanta presión estando conformando con industrias punteras y con una ocupación en empleo de vital importancia para el continente?.
Siendo cierto que Europa se ha quedado rezagada en ciertos aspectos tecnológicos, fundamentalmente en la digitalización como en electrificación de su producción, parece hoy que, para los legisladores europeos, no existe un mañana y que los fabricantes deben cumplir con una normativa sobre emisiones “hiper” exigente aunque tensione a todo el sector.
La presión de los fabricantes chinos, que ciertamente han adelantado a los fabricantes europeos en la electrificación de parte importante de su producción, se ha generado no porque hayan sido unos adelantados tecnológicos sino, desde mi punto de vista, por el proceso que la lucha por la descarbonización y el argumento del cambio climático, como banderas levantadas en Europa, les ha permitido.
En cierta medida, la acelerada electrificación exigida en Europa les ha permitido a los chinos sobrepasar su “gap” respecto a productores europeos y americanos, más avanzados en tecnologías para vehículos de combustión, ello derivado de su incapacidad para alcanzar la tecnología europea en esta tipología de motores.
Esta presión, generada en occidente, les ha venido por tanto de cola para avanzar en un camino relativamente nuevo, desde el punto de vista de la fabricación, como es la electrificación.
Por lo demás, parece dar igual si China sigue siendo uno de los países más contaminantes del globo. En lo que se refiere a la producción de automóviles, figuran como defensores de la electrificación y los vehículos de emisiones cero.
Ciertamente, los fabricantes europeos han cometido graves errores. El caso de la manipulación realizada por algún fabricante alemán, como los expedientes abiertos por las autoridades de la competencia a varias marcas, tras detectarse varios supuestos de actuaciones colusorias, han hecho un flaco favor al sector, pero tales circunstancias corregibles y sancionables es una cosa y perder el norte respecto a lo que es y representa hoy el sector en el viejo continente, otra muy distinta.
Nadie en su sano juicio se opone a la protección del medio ambiente. Creo que el marcar pautas por la parte política en este sentido resulta coherente y, ciertamente la parte política, como representación de la soberanía popular, al menos en Europa, tiene que jugar ese rol. Sin embargo, tan importante papel se tiene que realizar sobre criterios técnicos y realistas y no por conveniencias populistas o ideológicas.
Considero que esto es lo que está pasando en la actualidad. Se está dirigiendo la opinión de la sociedad europea hacia la idea de que el mundo se acaba si en un plazo de veinte años no desaparecen los vehículos de combustión. Se asusta a la gente con la amenaza del cambio climático y se culpabiliza, en gran medida, a los europeos de esta circunstancia.
El resultado es que se presiona a los fabricantes del continente, mientras se sigue fabricando combustión, junto a la electrificación, en otros importantes mercados del mundo o se establecen medidas protectoras a favor de la industria local en contra la producción europea sin medidas de protección equivalentes en nuestro continente.
Ese mundo, parece que paralelo e invisible para los políticos y la sociedad europea, sigue contaminando y exportando producción contaminante a otras partes muy importantes del globo. Es por ello que, en cierta medida, me alegra la reacción del presidente de la Asociación de Fabricantes Europeos, tratando, creo, de poner un poco de sentido común y sobre todo de realidad respecto al mundo en que vivimos.
Rafael Pombriego.